Daniel Quezada Vicencio
Referencia: Galán, M. & Echeita, G. (2011) Alumnos con
necesidades educativas especiales. En E. Martín y T. Mauri (Coords.)
Orientación Educativa. Atención a la diversidad y educación inclusiva. pp. 107
- 126. Barcelona: Graó.
Síntesis y principales conclusiones: El texto comienza esclareciendo el concepto de
necesidades educativas especiales, el cómo en un comienzo sólo buscaba
referirse a un amplio grupo con el atributo en común de requerir ayudas
educativas adicionales, sin embargo, posteriormente pasó a ser el concepto con
el cual se refiere a al alumnado con discapacidad, trastornos graves de conducta
y aquellos con dificultades de aprendizaje significativas. Se explica que en un
comienzo se creía que aquellos alumnos y alumnas con trastornos o déficit eran
incurables, sin embargo, esta creencia se vio superada con la corriente
ambientalista, que sugiere que sí es posible el aprendizaje –apoyándose en el
paradigma conductista-. No obstante, esta mirada, si bien afirmaba la
existencia de una capacidad de aprendizaje por parte de estos alumnos y
alumnas, éste era pequeño, ya que aún se les consideraba en gran parte
determinados por sus problemáticas que eran de carácter endógeno para el
entendimiento de la época. De aquello se desprende la importancia del Informe
Warnock, el que enfatizó en distintas aristas a este respecto, trayendo consigo
la eliminación de ciertos prejuicios y asociando el concepto de deficiencia a
un entendimiento más positivo.
Además, en el texto se menciona la importancia de la
conferencia mundial organizada por la UNESCO acerca de necesidades educativas
especiales (n.e.e), de la que se desprendieron dos documentos: la Declaración de Salamanca de principios,
políticas y práctica para las necesidades educativas especiales, y el Marco de
Acción sobre necesidades educativas especiales, de los que se desprende una
ampliación de los alumnos y alumnas que requerirían las n.e.e, trayendo
interesante consecuencias, como el que niños y niñas considerados con altas
capacidades sean considerados parte del alumnado con n.e.e. Lamentablemente, a
la larga imperó una visión más restrictiva de las n.e.e que, finalmente,
vincula estas necesidades sólo a aquel grupo de alumnos y alumnas con alguna
discapacidad, conllevando de esta forma a una estigmatización.
En el siguiente apartado se comienza a hacer un
análisis crítico del uso del término necesidades educativas especiales, dando hincapié a la estigmatización que éste genera
y la mirada individualizada que éste genera, desviando la mirada de aquellas
políticas a la base de muchos problemas, que al interactuar negativamente con
el alumnado dan origen a la brecha que les aqueja. En este marco, se propone el
concepto de "barreras al aprendizaje y la participación" lo que dota
de una mirada más social al entendimiento de las dificultades en el
aprendizaje.
Posteriormente, los autores mencionas dos
principales fuentes de demanda que reciben orientadores y orientadoras respecto
al alumnado en cuestión. En primer lugar, se encuentran aquellas demandas
respecto a la manera de escolarización, es decir, si derivarles a un centro
escolar especial o que permanezcan en un centro educativo ordinario. En segundo
lugar, se encuentran aquellas demandas relacionadas a la mejora de la
intervención educativa y una posible adaptación de currículo.
Refiriéndonos a las demandas mencionadas en
primera instancia, éstas suelen venir acompañadas de una presión por parte del
profeso/a, insinuando desde un comienzo que el alumno o alumna implicado tiene
un problema y que le hagan un informe para ver qué se hace con él o ella.
Con respecto al segundo tipo de demanda., al
ser la adaptación curricular responsabilidad del profesorado, coordinado por el
tutor o tutora y con asesoramiento del orientador u orientadora, es
imprescindible un compromiso compartido y un trabajo en conjunto entre todas
estas partes, evitando aquella idea de que el personal especializado en la
atención de cierto alumnado procede separando a estos alumnos o alumnas del
resto, sino que, por el contrario, sea este personal el que se integre a las
aulas y pueda beneficiar a todo el alumnado.
Si, en última instancia, se considera
necesaria la adaptación curricular individualizada, ésta debe considerar a
diversos actores, tales como el profesorado implicado, profesores/as de apoyo,
orientadores/as, la familia y el mismo alumno o alumna.
En una parte final del texto, los autores
mencionan la existencia de un instrumento llamado Index for Inclusion que mide
la existencia de barreras para el mejoramiento de la intervención educativa,
esto mediante una auto-evaluación de los centros educativos respecto a sus
facilitadores o barreras para la presencia, la participación y el aprendizaje. Éste
análisis se hace en 3 dimensiones; la cultura, las políticas y las prácticas
escolares. Esta herramienta facilita la detección y, a posteriori, la puesta en
marcha de dinámicas de cambio respecto a la atención a la diversidad y la
inclusión, no obstante, los autores recalcan que las ganas y buenas intenciones
no son suficiente y que existen instancias en que éstas podrían llevarse a
cabo. Finalmente, se insta a que aquellos cambios posiblemente impulsados por
la conceptualización por la identificación de alumnos con necesidades educativas especiales, tenga como
repercusión final el perfeccionamiento de los procesos de aprendizaje y
participación de todo el alumnado.
Breve comentario: Llama la atención el cómo ciertos conceptos, en
este caso, el de necesidades especiales educativas fueron una escalera para
mejorar el entendimiento y las prácticas hacia la diversidad y la inclusión (o
integración más precisamente) y, sin embargo, hoy en día es un concepto que en
la práctica mantiene cierto estancamiento y estigma en los centros educativos.
Rescato de la lectura el énfasis en aprovechar los beneficios que trae la
identificación de aquellas necesidades y una posible futura
re-conceptualización a barreras para la presencia, el aprendizaje y la participación
esperando que se logre un entendimiento aún más social de aquello que acontece
al alumnado, para así enfatizar la intervención de los espacios por sobre la
intervención a los alumnos y alumnas.
Citas Textuales:
“La cultura de separar la educación
especial de la ordinaria continuará mientras el término especial forme parte
del vocabulario de la educación” (Ballard, 1995, p. 3 como se cita en Echeita y
Galán, 2011, p. 10)
"Seguir hablando de alumnos con
n.e.e. (o específicas o de alumnado con necesidad específica de apoyo
educativo, como reza ahora la LOE), desvía la atención de los procesos de
opresión y discriminación que experimentan algunos alumnos o alumnas, refuerza
una perspectiva esencialista, estática e individual (no sociocultural)" (p. 11).
"Para que este tipo de intervenciones
sean, en efecto, beneficiosas para todo el alumnado lo que se requiere es
indagar, reconocer y sacar a la luz (...) precisamente, las barreras para la
presencia, el aprendizaje y la participación que pueden encontrarse tanto en la
cultura de los centros escolares como en sus procesos de planificación,
organización y funcionamiento" (p. 15)
" (…) el concepto de n.e.e., (…) seguiremos
utilizándolo en este texto, con sentido crítico, asumiendo la contradicción que
ello nos genera, y tratándola de salvar poniendo el énfasis, de nuevo, en lo
que de positivo tiene, esto es, en su potencialidad para sostener una acción
educativa y orientadora que preste más atención a la planificación,
implementación y evaluación de las ayudas pedagógicas de distinto tipo (para el
acceso al currículo o para el diseño universal y el ajuste de éste), que
precisan determinados alumnos y, no tanto, a las posibles limitaciones personales
que las condicionan" (p. 12)
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