En
una primera instancia, la clase del 26 de septiembre
nos permitió reforzar ciertos conceptos ya trabajados, referentes
principalmente a las diferencias entre la perspectiva dominante o integración y
la perspectiva de inclusión. Sin embargo, lo que principalmente nos llamó la
atención refiere al dilema de la diferenciación, pudiendo esta vez evidenciarlo
en la praxis tras el análisis de casos llevado a cabo. En el caso que nos tocó
revisar, se evidencia claramente lo importante que es dar cuenta de los
problemas que pueda tener un niño, niña o adolescente (entendiendo éstos como
resultado de la interacción entre sus características y su entorno, y no como
intrínsecos a él o ella), sin que esto implique necesariamente una
estigmatización, sino el visibilizar una problemática y, en base a ésta,
identificar las necesidades de apoyo que pueda tener el niño, niña o
adolescente, evitando así encasillar mediante un diagnóstico. El concepto de
necesidades de apoyo nos parece relevante, pues sugiere una posible salida al
dilema de diferenciación, disminuyendo riesgos respecto a la estigmatización,
sin dejar de evidenciar la existencia de una necesidad que podría tener
cualquier niño, niña o adolescente -no así un diagnóstico-. Además en uno de
los casos explicados se pudo apreciar que llevado a la práctica pareciera dar
resultados positivos, al menos según el relato de la niña implicada.
Otro
aspecto que nos resultó llamativo es el efecto negativo que ha traído la
especialización a la hora de generar trabajo en conjunto en los
establecimientos educativos. Nos parece importante concientizar a las personas
que se dedican a la educación para que así eviten generar esta separación que,
si bien puede traer ciertas consecuencias positivas respecto a los recursos de
apoyo, es nefasta para la subjetividad de aquellos niños, niñas o adolescentes
que pasan a ser tildados de diferentes o especiales.
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